sábado, 11 de julio de 2015

El día de.

No he parado de dar vueltas toda la noche, ya no sabía cómo ponerme. Son las 7 de la mañana y en el pasillo se empieza a escuchar movimiento. Entra una enfermera a tomarme la tensión y la temperatura, me pregunta que si estoy nerviosa, contesto que no, pero el aparato me delata. La procesión se lleva por dentro supongo. Me mandan a la ducha, me toca ‘doble enjabonado’. No sé qué quiere decir eso exactamente. A ver, no soy idiota, me lo imagino, pero me aseguro y se lo pregunto.

Después del súper doble enjabonado vuelvo a la habitación, ya empiezan a llegar. Ahí está mi madre, paseando nerviosa, y eso que sólo son las 8:30, hasta las 10 dijeron que nada. Tengo hambre, pero evidentemente no me dejan comer.

Las 10:15 y aquí sigo, con los pies fríos y con el nervio aumentando, más por los demás que por mí misma, o de eso me auto convenzo.

Casi las 11, por fin me toca, es el momento de calmarse más que nunca, auto control. Me despido o más bien se despiden antes de entrar por esas puertas rojas. Un buen paseíto por el nuevo bloque quirúrgico del hospital, lo han dejado mono. Ya he llegado, creí que entraba directamente, pero no, me tienen 1 hora más esperando al lado de los quirófanos, están todos ocupados, o eso parece. Pienso en que todos ahí afuera tienen que estar nerviosos por cómo irá todo dentro. ¡Si supieran que aun ni he entrado, les daba algo!

Ya me toca, voy pa’ dentro, ahora no hay vuelta atrás. Me presentan a la anestesista, enfermeras… pero sigo sin ver a mi doctora. Una vez dentro, cambio de camilla, ¡ésta sí que está dura! Y yo me quejaba de mi cama…

Me empiezan a conectar cables por el cuerpo,  yo sigo totalmente despierta, me ponen la vía ¡joder cómo duele! No ha tenido compasión. Me preguntan qué estudio, cosas de mi vida y me ponen la mascarilla…

Siento que me pegan una pequeña bofetada, pero soy incapaz de abrir los ojos, sólo escucho “Aránzazu, despierta, que vas a ver a tu familia”, pero caigo dormida de nuevo.

Abro los ojos, estoy en una sala extraña, será reanimación, pienso yo, me dijeron que no me asustase, que estaría llena de tubos, aunque yo no veo ninguno. Sigo llevando la mascarilla, tengo algo en el brazo derecho que se hincha y deshincha cada 5 minutos, o eso creo. En la mano izquierda me veo la vía, enganchada a quién sabe qué, y una caperuza cubriendo mi dedo corazón con una luz roja. Veo enfermeras pasearse por todos lados, hay más personas como yo, drogada.

Me despierto y duermo continuamente, ya me empieza a molestar la mascarilla y me cambian a los tubitos que hacen cosquillas en la nariz. Pero eso no lo siento. Me duele el cuello, y me siento inmovilizada, presa. Pero es peor si me muevo, me empieza a latir la cabeza, y no lo soporto. Escucho que son las 17. ¿Cuánto llevaré aquí?

Por lo que escucho, son las 19 y me van a sacar de aquí. Efectivamente, vienen dos celadores y me llevan al ascensor. Creo haber visto a mis padres, pero no estoy segura hasta que los veo detrás de mi cama, persiguiendo a las celadoras.

Llego a una habitación que ya conozco, y se ponen alrededor de mí mis padres y tías. Creo que hay demasiada gente, y me duele absolutamente todo, sólo me sale llorar del dolor. Me preguntan qué pasa y les digo que me duele. Llega la que parece ser mi enfermera y me dice que me calme. La habitación se vacía un poco. Me calmo y  van entrando poco a poco, yo me sigo notando mal, y vomito. Qué asco, me pica la garganta, y vuelvo a vomitar. Dicen que es por la anestesia, me lo creo, no he comido nada en casi 24 horas.


Me traen la cena, tortilla. Apenas como, no tengo mucha hambre. Entra la enfermera y me pone algo en la vía, así caigo otra vez…