domingo, 21 de septiembre de 2014

Bienvenido, otoño.

Otoño. Una estación fría. De lluvias. Aparentemente triste. Las hojas caen, las personas ya apenas sonríen...
Se acaba la mejor estación del año, el verano.

Y a partir de ahí empieza la temporada de estar sentada frente a la pantalla, con la ventana abierta, escuchando la lluvia caer, los arboles moverse a causa del viento, todo esto mientras escucho mi banda sonora favorita con los cascos puestos. Sudadera encima del pijama, calcetines gorditos...

Nos pasamos el año pensando en lo maravilloso que será el próximo verano, para el que quedan todavía 273 días.
Recordando a todas esas personas, o mejor dicho, familia no sanguínea con la que convivimos y apenas vemos en los meses fríos.
¿Da pena, no? Te quedas viendo fotos de todos, rememorando cada valioso segundo junto a ellos y quieres verlos a todas horas. Pero no puede ser. Cada uno tiene su vida, sus cosas.
Sabes que os veréis en el frío invierno, pero no es lo mismo. Sólo quieres cruzar la calle y que ahí estén.
Y ahora, miro a través de la ventana y, ¿qué veo?.
Agua. La lluvia caer, de fondo la gran ciudad.
Y sólo queda eso.
Saber que dentro de 273 días, todo volverá a ser maravilloso.
El sol brillará.
Y volverás a sonreír como sólo lo haces en esa estación del año.
Mientras tanto, te quedas ahí, mirando las gotas caer, anhelando, pero feliz.
Porque todo lo bueno siempre vuelve.


Bienvenido, otoño.