sábado, 28 de junio de 2014

Las puertas del dolor.

El pensamiento clásico nos enseña las 4 puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.

La primera puerta es la del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.

La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que "el tiempo todo lo cura" es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.

La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es sólo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.

La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.


 Patrick Rothfuss - "El nombre del viento"


domingo, 8 de junio de 2014

Mi mejor experiencia: Londres.


¿Que por qué la mejor experiencia de mi vida? Porque he conocido la ciudad de mis sueños. Sonará a estupidez, pero llevaba años soñando con visitarla.
Toda esa ansía por Londres empezó con Queen, los Rolling, los Beatles. Toda esa gran música que hoy en día no existe.

Londres es más que una ciudad. Es su gente. Su costumbres. Su idioma. Es todo lo que hay.

Una de las cosas que más me ha sorprendido en este viaje, ha sido la forma de vestir. Allí no juzgan a las personas por su físico, por cómo vayan vestidas. Asombrante. Aquí sólo criticamos, y digo criticamos porque yo misma lo he hecho más de una vez. Me sorprendió que la gente fuese vestida siempre de oscuro, nadie llevaba colores. Y ahí estaba yo, con mi chaqueta y zapatillas rojas, para llamar la atención. Pero como he dicho, allí nadie te juzga, y si lo hacen, no es en tu cara, o a tus espaldas cuando os cruzáis.

Otra cosa impactante fueron los edificios, ¡¡ESTABAN CASI TODOS EN OBRAS!!
Que locura. También tengo que decir que me desorientaba bastante eso de que lo hagan todo al revés. Cruzar un paso de cebra allí es un peligro. Estás acostumbrado a mirar primero a un lado y de repente allí es hacia el lado contrario. Como digo, una locura.

Aun así, es imposible describir cómo es aquello. Sonará cursi, pero es la belleza hecha ciudad. Todo bien cuidado, la gente súper agradable, aunque digan eso de que los ingleses son unos tristes, hay que cogerles el punto, porque lo tienen, de verdad que lo tienen.

Otra cosa: el idioma. Eso realmente pensé que sería lo peor. Y me sorprendí de mí misma. Me entendían perfectamente, y yo a ellos. Algunos se me lanzaban a hablar a toda velocidad y yo con cara de póquer les soltaba un muy español "slowly" y ahí no les quedaba más remedio que reírse. Pero lo importante es ¡que conseguí comunicarme!

Y ya la última locura londinense fue ¡¡el metro!! Eso sí que fue desconcertante... ¿Sabéis cuantas lineas de metro tienen? ¿y los trasbordos raros en la misma linea? Si tenéis un momento por favor mirad un plano de ese metro porque no hay por donde cogerlo...

Aun así, y con todas las "pegas", os aseguro que yo vuelvo. Y si vuelvo, intentaría quedarme. Es otro mundo, otra manera de vivir. Una mucho más tranquila.
¿Recomendable? Sin ninguna duda.
Londres es... Londres :)